27/1/11

DE MADRUGADA


Autor: © Jesús Alejandro Godoy

"Pensé que todo había salido bien… como yo había querido; pero, sin embargo ahora… ahora estoy aquí mirando el mar en ésta madrugada"
"Apenas sí recuerdo lo que era recordar, apenas sí recuerdo lo que era sonreír, llorar o caminar; y todo… ¡y todo parece tan poco importante ahora!"
"Y; sin embargo, aún rodeado de varios algunos conocidos, amigos, familiares… amores, me siento solo; o sea, no es que no los quiera ni los ame, sino que ésta es mi verdadera soledad, la soledad donde he vuelto a mi casa... mi verdadero hogar; y, hoy es el día que estaba esperando"

Suspiro un poco, y miro hacia atrás, miro mi casa… aquella que he dejado...

"Mucho sacrificio" pienso; pero al fin, valió la pena hacer algo con mis manos... en la playa junto al mar como lo había soñado con mi amor… mi gran amor.
"Si… desde aquí la veo llorar; pero aún así, sus lágrimas son dulces y no dicen adiós, porque siento que hay amor en su tristeza"

Y respiro un poco, y sonrío… Me sorprende un extraño delfín que practica una acrobacia partiendo las aguas con extrema belleza bajo esta luna de marzo; y el mar, me habla, y sus aguas arropan mis sentimientos. Siento como mis párpados se abren y mis pupilas se dilatan y es cuando… no tengo explicación… ése sólo momento me hizo feliz... feliz en silencio, aquí… solo.
Y recuerdo cuando vivía atormentado por el mañana, ése mañana que nunca llegó; y por esas… esas preocupaciones tan estúpidas: dinero, poder, un escalón más, luchar, fingir…

No puedo retener la carcajada que se forma en mis labios, y río, y lloro…
Río porque no puedo creer que fui tan necio; lloro, porque parezco un sujeto salido de alguna novela cómica, corriendo la vida siempre, tratando de no quedar atrás…
Recordé algo, la seriedad me nubla y palpo mi barbilla -que por cierto tiembla mucho-
Detengo mi andar junto a un risco y pienso: "¿Cuándo fue la última vez que miré al cielo, y agradecí a Dios…?"
Y recuerdo si, cuantas veces creí ser golpeado por Dios; y, sin embargo, yo era el único actor que se transformaba en bueno, que vestía su alma de malo, de rico, de pobre… mis decisiones… libre albedrío… ¡Por Dios… era tan simple!
-Ja, ja, ja, ja… ¡Soy feliz, soy feliz! -grito con todas mis fuerzas. El delfín responde haciendo una acrobacia sobre su cola haciendo chasquidos y silbidos. Lo saludo y río como jamás lo hice-.
¡Al final comprendí que soy único, que soy el artífice de mi vida…! ¡Mi vida… mi vida que recién está empezando!
¿Cuántas cosas dejé en el camino…?
Toco mi frente, y no lo puedo creer.
Miro alrededor y levanto mis brazos, giro una vez, otra vez.
"¡Si todo esto fue por mí y para mí!" pienso.
"¿Cuándo he sido pobre?, ¿Cuándo he sido rico?, ¡Sino ante la mirada de los que creen que son ricos o pobres!"
"¿Cuánto tiempo…?"
Y bajo la vista… me acongojo.
"Sí… cuánto tiempo desperdiciado"
"Cuanto tiempo pensando en lo que nunca fue, en lo que era, y en lo que me atormentaba"
"Y recién ahora me doy cuenta… me doy cuenta que siempre fui feliz porque la felicidad nunca se alejó de mí, que siempre estuve enamorado, porque el amor vive en mí, que siempre nacía porque a cada mañana le seguía un día nuevo con nuevos desafíos y nuevas experiencias, que siempre moría, porque aunque sin más tener lo necesario para vivir quise más y más… y buscando lo material mis preocupaciones me rodearon, mi cuerpo se arqueó y hasta había creído que mi alma había muerto"
"¿Y que fue de mí…?"
"Sino, comprender que la vida empieza ahora dejando todo atrás, todo lo que creía importante… dejando todo: mis amores, mis ropas, mis artefactos, mis pertenencias, mis palabras, mis legados, mis caprichos, mis lugares, mis signos, mis miedos… todo"
"Y sonrío levemente primero; y no puedo dejar de reír a carcajadas entre lágrimas"
-¡Soy feliz! -grito y bailo bajo la luna y el mar. ¡Soy feliz!

-¿Abuela…? ¿Abuela? –preguntó la niña.
-Si hija –respondió la vieja mujer con paciencia, mientras enjugaba sus lágrimas-.
-¿El abuelo es feliz donde fue?
-Si… si querida... es feliz, porque se fue con Dios, se fue al cielo...
La pequeña miró a la anciana con cierta extrañeza.
Caminó hasta el centro de la sala; primero, miró de lejos el féretro de su abuelo y luego caminó hacia un sofá, se puso de pie en él y miró a través del gran ventanal hacia la playa y el mar.
Jamás había visto a su abuelo tan feliz, danzando bajo la luna, con los brazos extendidos, saltando, bailando y riendo.
Entrecruzó sus manitas nerviosamente y riendo saludó a su abuelo con cariño; el viejo, la saludó, y llenó de besos el aire.
Bajó del sofá y caminó despacio hasta donde se encontraba su padre, sin dejar de mirar a su abuelo bailando al compás de los delfines.
-Papá, papi... tengo que decirte un secreto -susurró la niña-.
Su padre se colocó en cuclillas e inclinó su cabeza para escuchar.
-Descubrí, que el cielo empieza en el mar... de madrugada... -dijo.

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